La mayoría de las veces estamos más preocupados por recibir que por dar, queremos que nos quieran, queremos tenerlo todo, queremos nuestra propia felicidad, nos interesa solo el "yo". Buscamos el beneficio propio por encima de todo, sin darnos cuenta que al lado también hay alguien como nosotros, así es como cada día nos volvemos más egoístas. Nos olvidamos de los valores e incluso de nuestras raíces, nos dejamos gobernar por el egoísmo y somos capaces de destruir a una persona para poder avanzar. Al final generamos un vacío que no se llena y nos damos cuenta que las cosas que a uno lo "llenan" son esas pequeñas del día a día, ayudar a los demás, robarle una sonrisa a un niño, etc.
Cada vez nos volvemos más hipócritas, buscamos el éxito a toda costa, no nos percatamos de que no importa a donde se llega, si no que lo que importa, es cómo.
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