La vergüenza ya le pisa los talones, lamentando el precio de sus confesiones, va esquivando ejecutivos por Florida . Mientras cruza sin mirar las avenidas se martilla la cabeza sin piedad . Vuelve con los ojos llenos de perdón pero es demasiado tarde y ella le da un beso de esos que humillan a la soledad . ♪...Ninguno de los dos creía en el destino
y éste se vengó para hacerse notar...
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