A veces lo mejor es simplemente dejar que esas historias se cuenten solas, a medida que las lágrimas van cayendo. Si necesitas llorar, llora. Si necesitas estar solo o si necesitas compartirlo, siempre hay un lugar donde te podés sentir felíz o alguien para contarle tus historias en silencio.
No temas llorar por miedo a no ser fuerte, la verdadera fortaleza está en aquellos que no temen ser juzgados por expresar sus sentimientos, pero no te acostumbres a vivir una vida de llanto, seguí adelante, no olvides, supera.

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